10:43 pm 01/02 2010

Se prepara el Carnaval en la Provincia

Informaci?n general, Interior

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Jujuy ofrece, para quienes buscan un retorno temporario hacia una existencia más cercana a la naturaleza y tradiciones ancestrales: altura y climas diversos y expresiones espirituales que se manifiestan en diferentes  regiones de  netos contrastes, haciendo del carnaval una fiesta donde se expresan los diferentes ritos de la diversidad cultural de nuestro pueblo.

           

Nuestra provincia  no sólo atrae al turista por sus bellezas naturales. Un nutrido calendario turístico ofrece variadas celebraciones  y muchas de ellas se han transformado en verdadera  seducción  para los visitantes. Algunas datan de épocas más o menos recientes; otras- empapadas en tradiciones y ritos- remontan sus orígenes varios siglos atrás.

            Durante febrero, la provincia de Jujuy invita a turistas y residentes a celebrar su fiesta máxima “el carnaval”. Las características que asume  esta manifestación en la provincia son una muestra evidente del carácter popular de la fiesta. En esos días la Quebrada de Humahuaca y los pueblos pequeños estallan de color y bullicio.

            Todo comienza cuando se cumple la ceremonia de desenterrar a Pujllay, el demonio carnavalero de la tumba que lo alberga desde el año anterior. Entonces los diablos, rutilantes en sus trajes de lentejuelas, espejos y plumas, empiezan a bailar con entusiasmo al compás de bombos y charangos recorriendo los poblados, contagiando la alegría de la fiesta  recién iniciada. Después del desentierro, las comparsas llegan al pueblo bailando con sus respectivos cantos y músicas, aceptan invitaciones  de bebidas en las casas. Al final, todas coinciden en un punto de encuentro para bailar, cantar y desfilar.

            Volcán, Tumbaya, Maimará, Tilcara, Uquía, Humahuaca y todos los pueblos de la Quebrada ven entrar al carnaval por sus callecitas, mientras el ritmo del alegre carnavalito serpentea en coloridas rondas. Durante las noches, el jolgorio se atrinchera en los fortines para alojar el baile y los juegos con talco, papel picado  y serpentina. Los Fortines, tiene sus particularidades, los realizan familias tradicionales del lugar, cada día una  distinta, en un lugar cerrado, con  bebida, cordero asado, picantes, papas andina, queso de cabra, humitas, tamales,  locro, empanadas y llajua.

            La fiesta comienza  al  mediodía con el almuerzo; al ingreso del  fortín se recibe al invitado con la tradicional “vacuna” -un cóctel dulce de bebidas alcohólicas-, para eliminar la envidia, los celos, la tristeza y  todo lo malo;  luego   se procede a la  lectura del reglamento fortinero, donde se exige al convidado a olvidarse de las penas  y comprometerse con la diversión.

            Concluido el almuerzo empiezan los festejos, siempre bajo el mando del bastonero de turno, quien tiene la misión de llevar adelante la alegría del fortín, imponiendo los  pasos a bailar, obligando a los presente a divertirse y  castigando con el “fusilamiento” a  quien desobedece sus ordenes – el fusilamiento consiste en sancionar al infractor con un vaso de vino, chicha o cingani, haciéndolo sentar en el medio o en el lugar más visible, donde debe cumplir con la sanción.

            Los festejos de la Puna se visten también  de diferentes rituales y costumbres con  idéntico significado. Erques, cajas y ranchos que abandonan su mutismo de piedra para llenarse de ruido, simbolizan el carnaval del Altiplano.

             En La Quiaca, el carnaval es una de las manifestaciones folclóricas más importante, verdadera síntesis de originalidad, colorido y alegría popular. Las comparsas, que recorren las calles, son muchas, con diferentes nombres y atuendo típicos.

            Allí la fiesta conserva pura su esencia y se muestra tal cual es: una repentina expresión del alma popular, que durante esos días olvida su gris existencia cotidiana y se entrega al diablo bailando y bebiendo con alegría desenfrenada, para perderse después en la soledad de la Puna.

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